Este domingo me toca publicar a mí, Inés. Espero que os guste. Tened un feliz año todos :)
Alguien me dijo en cierta ocasión que era mejor arrepentirse de lo que hacías que de las cosas que, por temor o cobardía, nunca llegabas a realizar.
Quizá fue aquello lo que me impulso a hacerlo.
Creo que en ningún momento llegué a estar segura del todo. Fue un acto rápido que apenas pensé, movido por el intento de dejar atrás un sufrimiento que me atormentaba desde hacía bastante tiempo.
Los hechos eran claros. Él era elegante, inteligente, culto, interesante. Él era la perfección. Y yo tan solo tenía los ojos azules.
La sola idea producía en mí un enfrentamiento de sentimientos; una verdadera batalla que me destrozaba por dentro. Cada vez que lo pensaba, la voz, nacida en la razón, ridiculizaba mis ilusiones burlándose de lo absurdo. Pero aún así, y a pesar de la lógica de los argumentos que pensaba, había una diminuta porción, una duda donde vivía una pequeña esperanza, que se negaba a abandonarme a pesar de las circunstancias. No poseía la certeza absoluta. Y esa situación dolía mucho más de lo que una negativa hubiera supuesto.
Por ello me decidí y me dispuse a matar a esa pequeña ilusión cuya existencia acompañaba cualquier pensamiento que tuviera. Era un acto suicida cuyas consecuencias irían acompañadas de dolor, pero entendí que era preferible entregarme a la realidad que vivir atormentada en un mundo de sueños e ilusiones.
Cada vez que lo recuerdo una sonrisa se me dibuja en el rostro. Han pasado siete años y, a pesar de todo, le sigo amando tanto o más como el día en el que le vi por primera vez. Sin embargo, no ha sido hasta hoy, día en que nos hemos casado, cuando he entendido que él siente exactamente lo mismo.
Dedicado a mi querida Neru, una bonita venganza que le prometí hace una semana :)